La portada del próximo álbum de los Rolling Stones, titulado *Foreign Tongues* y que se lanzará en julio, promete captar la atención más por su diseño que por su contenido musical. La imagen muestra a los integrantes Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood representados como un rompecabezas cubista al estilo Picasso, evocando una especie de Frankenstein o figuras de cera derretidas del museo Madame Tussaud.

Este diseño, que ya genera reacciones divididas, refleja cómo el arte de tapa, antes fundamental para la identidad física de la música, ha perdido relevancia desde la popularización de los CDs y, más aún, con el auge del streaming, que elimina la experiencia de las estanterías y transforma los vinilos en objetos de colección, casi piezas de museo. Mientras algunos coleccionistas enmarcan portadas clásicas como *Little Creatures* de Talking Heads o el álbum debut de Don Cornelio y la Zona, la portada de los Stones parece destinada a figurar en un ranking de los peores diseños.
El responsable del arte de la portada es el artista Nathaniel Mary Quinn, cuyo collage ha generado tanto críticas severas como comparaciones con iconos como Andy Warhol, e incluso con la famosa tapa de *Sticky Fingers* (1971), una de las más emblemáticas del rock. La propuesta de Quinn parece buscar una despersonalización de las identidades, una disolución coherente con la larga trayectoria del grupo, marcado por pérdidas y reinvenciones constantes.
En un contexto global donde el arte de tapa enfrenta su extinción en la era digital, la polémica portada de los Stones sirve, incluso, para generar memes. Todo esto refleja la dilución del concepto tradicional de álbum, que parece desvanecerse junto con la relevancia del soporte físico.
En el ámbito local, las portadas polémicas no son exclusivas: Fito Páez ha sido cuestionado al respecto, así como Bersuit Vergarabat con *La argentinidad al palo* y Los Pericos con *Big Yuyo*, cuyas propuestas visuales han generado más críticas que elogios. *Contra la pared*, de Viejas Locas, recibió duras críticas por mostrar una imagen provocativa de una adolescente, generando aún hoy cuestionamientos sobre aquella época.
Incluso grandes figuras como Luis Alberto Spinetta rechazaron sus propias portadas, como ocurrió con *Only Love Can Sustain*, cuyo diseño fue motivo de rechazo y obstáculo para su reedición durante su vida. Tras su muerte, el álbum se reeditó, marcando una experiencia poco satisfactoria que llevó al Flaco a reunirse con Almendra.
En otros casos, como el de *Esperando el milagro* de Las Pelotas, el artífice de una portada controvertida fue el propio Tomás Sussmann, guitarrista de la banda, que experimentó con herramientas básicas como el Paint de Windows 98. Por otro lado, portadas tan emblemáticas como la de *Canción Animal* de Soda Stereo, aunque polémicas, han sido interpretadas como símbolos de fuerza y potencia en la historia del rock latinoamericano.
En definitiva, la portada de los Rolling Stones no solo abre un debate sobre el valor actual del arte gráfico en la música, sino que también reafirma que, a pesar de todo, la imagen sigue siendo una pieza clave en la identidad cultural de los discos, aunque su función y aceptación hayan cambiado con los tiempos.
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